Para todos aquellos que hemos creído que Jesucristo es nuestro Salvador y que El es la única manera de gozarnos la vida eternamente junto a Dios, se nos hace fácil saber que seremos existosos. Pero, ¿exitosos en todo? Durante esta semana, estaba tomando los exámenes doctorales por segunda ocasión (la primera vez no la pasé) y espero que me haya ido bien. Ciertamente es mi deseo pasarla, pero deseo más que sea la voluntad de Dios la que se haga en mi vida.

Dicho examen marca una bifurcación en mi carrera futura y si lo paso quisiera ser profesor universitario. De no pasar los exámenes, probablemente tendré que ponerme a buscar trabajo. Pero llevo tiempo (desde que no pasé el examen la primera vez) acariciando la idea de hacer una maestría en divinidad (no es el tema de este post, espero que pronto…). ¡¿Cómo es posible que piense que no voy a pasar, si Dios está conmigo?! Sencillo, porque confío en su voluntad, aunque no la conozca (todavía). Claro que no siempre fue así.

Dios nos enseña y nos da oportunidades para mejorar constantemente, y yo creo que esta es una de esas ocasiones. Cuando supe que no pasé el examen la primera vez, estuve un buen rato aturdido, ¡yo ni había pensado en esa posibilidad!, me sentía seguro de que lo iba a pasar, porque confiaba en que había hecho suficientemente bien mi trabajo, pero no fue así. Desde entonces ( y quizás desde un poco antes), he estado en un proceso de entender que los planes que tiene Dios para mí, no necesariamente están a la par con los míos.

La biblia nos dice en Romanos 8:37 “Pero en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.” (La Biblia de las Américas) Y pareciera que dice, que en lo que nos propongamos seremos vencedores, sin embargo este pasaje no dice eso. Este pasaje (Romanos 8:26-39)  nos dice que por encima de la tribulación, angustia, persecución, hambre, desnudez, peligro, o espada; somos más que victoriosos porque nada nos separará del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro. Así que, sea que pase el examen o que me cuelgue, soy del Señor y Él me ama.

Oración personal: “Señor, vengo delante de Ti, en nombre de Jesús, a pedirte que me dejes entender que mi vida es tuya y puedes hacer con ella lo que Tú quieras, yo sé que al fin y al cabo será lo mejor para mí. Gracias Señor, que no permites que nada me separe de Tu amor. Tú conoces mis deseos y yo sé que tienes el poder para cumplirlos todos, pero prefiero que hagas Tú voluntad sobre mi vida. Cuando me llamaste, me llamaste con propósito. Amén.”