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Evangelizar

El que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Muchas veces cuando vemos a la gente haciendo cosas malas tenemos miedo de decirles su error porque no estamos “libres de pecado”. Pero, ¿Será eso lo que Jesús nos quizo decir con esa célebre frase? Pongámoslo en contexto, un grupo de hombres iba apedrear físicamente a una mujer por ser adultera y El les dijo que: “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. A mi parecer, El esta diciendo no seas verdugo de los demás, sabiendo que tu mismo también mereces la pena de muerte.
¿Quiere esto decir que nos debemos callar ante la injusticia?, no lo creo. ¿Quiere decir que nos debemos callar ante el abuso?, no lo creo. El problema es que tan pronto como queremos hablar de la injusticia y el abuso, empezamos a recoger piedras y a amontonarlas cerca de nosotros (por si acaso).
No tengo dudas que siempre es bueno reconocer la injusticia y que siempre es bueno ayudar al que a sido injusticiado. Sin embargo, tan pronto queramos denunciar la injusticia (que también creo que es siempre bueno) debemos alejarnos de los cañones. Lo digo porque yo puedo ver la injusticia y (gracias a Dios) he podido ayudar al injusticiado, pero desde antes de denunciar la injusticia me la paso buscando piedras para tirar. Señor, ¡cambia mi corazón! para que en vez de piedras, en mis manos tenga flores que sirvan para cambiar el corazón de los injustos.
¿Cuales son las injusticias que has visto recientemente?

Dime con quién andas y te diré quién eres.

Al parecer como que me gusta la guachafita de utilizar frases como título, pero ya verán como lo aplico. Desde que somos niños, esta es una frase que escuchamos continuamente de nuestras bien intencionadas madres para alejarnos de problemas innecesarios (dime con quién andas y te diré quién eres). Sin embargo, Jesucristo andaba con lo “peor” de la comunidad y todos los que nos llamamos discípulos de El deberíamos estar en las mismas.

Jesús no se quedó en medio de la sinagoga hablando cómodamente con los escribas y fariseos, con temor a ofender los “poderes” de los hombres. Él se les enfrentó (Mateo 23) y les enseñó (y a la misma vez a nosotros) la parte mala de: “Dime con quién andas y te diré quién eres”. Los fariseos y escribas andaban con la creme de la creme de la sociedad judáica, buenas ropas y “buenas” amistades. Jesús decidió no estar ahí.

Jesús caminó por las calles y se acercó a las personas humildes, pobres o despreciados por la sociedad. Uno de los ejemplos más dramáticos, posiblemente, es el de la mujer samaritana (Juan 4:1-42), Jesús habló con una persona que tenía muchas de las características despreciadas por la sociedad:

  1. Mujer
  2. Samaritana
  3. Fornicaria
  4. Despreciada hasta por otras samaritanas (estaba sacando agua sola y al mediodia)

Entonces, los discípulos de Jesús estamos llamados a buscar, ayudar, animar y evangelizar a todas las personas, incluyendo (y yo diría principalmente) a aquellos que se conocen incapaces de llegar al cielo. A los que se creen santos y más buenos que un vaso de agua helada en el desierto, a esos creo que nos toca tratarlos como Jesús trató a los fariseos y escribas. Bajarlos de esa nube (y que sepan que TODO lo que tenemos se los debemos a Dios). Así que, en vez de: “Dime con quién andas y te diré quién eres”, yo te diría: “Dime con quién andas y te diré si te pareces a Jesús”.

Oración personal: “Señor, vengo delante de Ti, en el nombre de Jesús, a pedirte que me permitas acercarme a todas las personas y poder mostrarles Tu amor. Yo sé que me gusta estar con los santos, pero también quiero servir en medio de aquellos que más te necesitan. Como en todas las cosas, Señor, que se haga Tu voluntad y no la mia. Amén.”